Miré aquél, gran añil. Ese ser tan inmenso e inavatible. Intenté mirarle tan fríamente como él es en realidad, pero no pude. No podía igualarle. El mar... tan inmenso, tan frío, tan azul. Tan oscuro. ¿Qué horribles secretos escondería el elemento de la curación?
Mientras estaba inmersa en mis pensamientos hidrofóbicos, mi querida Hallie llamó mi atención llamándome. Me giré para verla y recibí su abrazo rodeando su cuello entre mis brazos.
Hallie: ¡Pyrena! ¿Qué haces a orillas del mar?
Pyrena: Estaba pensando.
Ella aún me abrazaba, me había girado a mi posición inicial pero, como de costumbre, se negó a dejarme escapar, manteniéndome cerca de ella por un abrazo a mi cintura.
Hallie: ¿Pensando o... esperando?
Mis mejillas se calentaron, podía notar el rubor florecer en mi piel de tonos tostaditos por el comentario de mi querida amiga, o más bien sus verdaderas intenciones.
Hallie: Te vi atenta a los últimos acontecimientos que rodean a Zenos...
Pyrena: Es difícil que esté atenta a algo que no sea comida.
Hallie: Zenos cuenta como carne... ¿no?
Pyrena: ¡Ha-Hallie!
Me giré bruscamente, apartándome. Mi sonrojo se volvió más notorio. Debido al giro, quedamos frente a frente. Contemplé con una mueca de nerviosismo y algo de enfado sus risas al ver que su juego había dado frutos. Le encanta fastidiarme de esta manera. Y, en cierto modo, no me importa que lo haga. Porque la veo tan feliz... que enseguida se me pasa y no puedo evitar reír con ella.
Hallie me invitó a esperar un poco más lejos del agua en compañía de unos bollos con azúcar y una bebida. Sabe que no puedo resistirme a eso. Sin pensarlo acepté y fuimos a la taberna de Philonikos.
Ah, ese chaval, cómo decirlo... Es tan animado. No importa la clase de día que hayas tenido, él te animará. Un auténtico amante de la vida.
Nada más vernos entrar nos recibió con un grito y sus risas.
Philonikos: ¡Ahí están mis chicas favoritas!
Dijo tan animado como siempre. Hallie y yo nos sentamos en la barra.
Pyrena: Oh, Philo. Seguro que se lo dices a todas.
Philonikos: ¿Acaso no te fías de mis palabras?
Mientras Hallie reía un poco le di nuestros pedidos, que llegaron en poco tiempo. Rápido, animado y buen repostero, ése es nuestro Philonikos.
Junto a nuestra pequeña merienda hubo una ligera conversación.
Tiempo después, las puertas de la taberna de Philonikos se abrieron de nuevo para dejar paso a nuestros marineros, que regresaban de una travesía de dos días.